The box

Publicado: septiembre 3, 2016 en Uncategorized

There is a box inside which I daren’t look. It holds memories, but no regrets. Sometimes I try to forget that box exists. But I know that lies and excuses won’t make it disappear. There is a box which contains memories I daren’t delete for fear that it would make me less human. The box is old and dusty and cracked. I wish he wasn’t in that box. But it is what it is. And one day, other memories will fill it. Another he, another story, another life. But for now, I peak into the box only when I take a deep breath or when it takes me by surprise. The pain is there but the sadness isn’t because, I know in my heart it is all for the best and that all will be fine. But, until then, there is a box inside which I daren’t look – or rather – pretend that I don’t. And smile and laugh and joke around waiting for the past to finally stay behind. (by Madm – London 2016)

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Imagen  —  Publicado: septiembre 1, 2016 en Uncategorized

Nueva novela: “Cecilia”

Publicado: agosto 20, 2016 en Uncategorized

Progresa adecuadamente… 50% escritoimage

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Imagen  —  Publicado: agosto 14, 2016 en Uncategorized

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Imagen  —  Publicado: agosto 14, 2016 en Uncategorized

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Siete vidas y una cola

Publicado: junio 28, 2016 en Uncategorized

Cuarta vida

Quejarse funciono, vaya que si funciono! No solo me encontré con mi marido en la cola (menos mal, cuantísimo le echaba de menos!) sino que además nos tocó vivir una buena en la costa africana.

tribeVivíamos una vida sencilla, nuestra tribu era una gran familia. Crecimos juntos… éramos mejores amigos y nos enamoramos. Yo esperaba a nuestro primer hijo. Todo era paz, felicidad.

Todas las tardes, después de hacer nuestras labores en la aldea, paseábamos por la playa. Nos encantaba pasear por  la orilla. Veíamos la inmensidad del mar y soñábamos con tierras lejanas. Veíamos a los pájaros volar y soñábamos, tirados en la arena, con algo distinto, nuevo, desconocido.

Pasaba el tiempo y nuestro hijo crecía dentro de mí. Se me hinchaban las piernas, pero siempre insistía en dar nuestro paseo y mirar a los ojos azules del mar.

Alguna vez, a lo lejos, veía un navío pasar y sonaba de los cuentos de tierras lejanas que mi abuelo me contaba.

Ese fatídico día, nos quedamos dormidos. Me pesaban las piernas, hinchadas como patas de elefantes, y decidimos descansar. Mi madre me había avisado que dormir en la playa es de necios, peligroso incluso.

Escuche gritos y hombres extraños me arrastraban por el cuello hacia el mar. Mi marido gritaba, peleaba, berreada mi nombre y suplicaba “mi mujer está embarazada”. Yo no podia hacer nada más que llorar.

Mi deseo se hizo realidad, estaba en un barco, cruzando el mar. Pero en una jaula, entre mis heces y donde los llantos y lamentos se mezclaban con el rugido del mar.

Lo peor de todo fue que mi hijo no llego a tener su vida y yo perdí la mía una noche de tormenta en la que pensé que el barco se hundía. Aunque sé que una vida no vivida no cuenta para sus siete, me parte el corazón no haber conocido a mi hijo. Me apena y alegra, porque nadie se merece semejante vida pero nadie se merece no tener la oportunidad de vivir.

La cola era la más larga que he visto hasta ahora, y no nos volvimos a encontrar hasta mi sexta vida. Pero créeme, no sé lo que vivió tras bajarse del barco (nunca quiere hablar de ello) pero nunca fue el mismo.