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Nostalgia de niñez

Publicado: diciembre 8, 2012 en Pensamientos varios, Uncategorized

Anoche me desperté llorando. Me desperté con el lamento de un alma

sad-reflection-292x200que añoraba la niñez. Por algún motivo que no se, pasaron todas las imágenes de lo que he vivido y mi alma pre-adulta lloraba nostalgia.

Tal vez por que fuese bello, tal vez por la seguridad, tal vez por el amor simple que tanto echo de menos… pero lo cierto, es que tan bella etapa que es una pena que a tantos se la roben… y a las que la tuvimos, bella y plena, sólo nos quedará recordarla con cariño y añorarla un poquito, cada vez más.

Cada vez que Anna se montaba en un avión de esa compañía maldecía lo enamorada que estaba de sus precios tan asequibles. Llevaba dos horas sentada en el A-travellers-rests-as-fli-004asiento más tieso e incómodo que existía sobre el planeta tierra, comparable solo con una de las sillas de tortura que se usaba antaño en los tiempos oscuros de la inquisición española. Desde que salió de Londres las azafatas del vuelo, de aspecto desaliñado y ligeramente depresivo, les habían intentado vender a los pasajeros todos los objetos posibles que caben en el limitado espacio de la cabina de un avión. Además, hacían sus ventas de tono ambulante con una frecuencia que hacía imposible dormir durante el vuelo. Tampoco es que dormir fuese fácil en esos sillones de piedra, porque era prácticamente imposible encontrar una postura cómoda para pegarse una siestecilla al menos que fueses, claro, un contorsionista.

Anna buscaba una postura cómoda en medio del guirigay comercial de las azafatas de capa caída, recordando como cuando era pequeña las azafatas ostentaban un cierto glamour y belleza admirable que hoy en día solo se reservaba para modelos y secretarias de muy alto estánding. Era difícil buscarla sin pegarle una paliza al vecino, y más aún en el caso de Anna a la quele había tocado el incómodo asiento central. A su derecha, pegado al pasillo de la nave, había un chico rubio de aspecto aceitoso, pocos años mayor que ella y a su izquierda un apuesto joven moreno dormía contra la ventanilla.

“¿Es tu primer vuelo a España?”- el joven, que no había dejado de mirarla desde que embarcaron le preguntó con un fuerte acento alemán.

“No, vengo a menudo.”- respondió sin interés y un tanto irritada por sus ganas de dormir, pero eso no desanimó al joven.

“¿Vienes a ver a tu novio?”

“A mi prima.”- Anna no se podía creer la cara dura y la impertinencia del grasiento joven. Mientras maldecía a su madre por haberle lavado el cerebro toda la vida para que fuese incapaz de dar la respuesta maleducada que realmente le apetecería dar, tomó un momento para examinar al joven que le estaba relatando todos sus planes para los quince días que iba a estar en España. Era muy alto y delgado, tenía poco pelo y muy rubio, peinado con la ralla al lado y debido a su grasiento aspecto, parecía que no se había duchado en un mes. Además, llevaba unas gafas ovaladas de hierro muy viajas que le quedaban postizas en su cara alargada. Si Anna se lo hubiese encontrado por la calle, habría pensado que pertenecía a una secta o una religión de las que te intentan convencer que te conviertas, porque llevaba una camisa blanca de mangas cortas con tres bolígrafos en la camisa del pecho y unos pantalones de hilo oscuros. Por algún motivo sobre el cual Anna no podía poner el dedo encima, ese personaje sentado a su lado no le gustaba. Tal vez era el extraño olor a rancio y a tabaco que desprendía.

“… por cierto, me llamo Hans.”- sonrío, enseñándole sus dientes manchados de tabaco y le dió la mano de uñas roídas para formalizar la presentación.

“Anna.”- la había cogido por sorpresa y no le dio tiempo a pensar si quería que ese extraño ser supiese su nombre real o no.

“¿Te han dicho alguna vez que eres muy guapa, Anna?”- dijo en un tono adulador.

Anna no respondió. Para empezar, nunca se había considerado particularmente guapa. Es cierto que su melena larga oscura y sus ojos azules le daban un cierto atractivo contra su piel blanca, pero nunca se había considerado más que monilla. Además, no le hacía ninguna ilusión que Hans pensara que lo era, porque tenía la extraña sensación que eso significaba que no la iba a dejar en paz durante el resto del vuelo. No había escapatoria.

“Te invito a un café cuando lleguemos a la terminal.”- propuso Hans con entusiasmo.

“Gracias pero…”

“Y si te parece, luego te invito a cenar. ¿Cuanto tiempo te quedas en España?”

“Mira es que de verdad…”-Anna intentó responder con desesperación, no tenía escapatoria.

“Al menos que tengas novio claro, una chica tan guapa como tu debe tener novio.”

“Pues…”-Anna se estaba empezando a irritar.

“Pero vamos que yo le doy diez mil vueltas a ese seguro. Vamos dime, a que tu novio no es tan guapo como yo.”

“Mira…”-estaba a punto de soltarle una barbaridad al pesado cuando de pronto le interrumpió una voz atractiva y masculina, con un fuerte acento español.

“Cariño, perdona, me he quedado dormido, ¿Sabes si falta mucho para que aterricemos?”

Hans y Anna miraron los dos boquiabiertos hacia el origen de la voz. El chico moreno que estaba sentado junto a la ventana se había despertado y le sonreía con una sonrisa perfecta.

“No ya no falta casi nada.”- Anna respondió tímidamente,

“Bueno voy a intentar dormir un poco más, cariño, despiértame si me necesitas.”- dijo dándole una palmadita en la rodilla y volviendo a coger la postura para dormir.

“Vale.”-Anna respondió en una voz pequeñita. Se había puesto como un tomate.

Hans les miraba con una mezcla de incredulidad y rabia pero se puso los auriculares y no volvió a hablar en todo el trayecto.

Anna miraba discretamente de uno a otro sintiendo muchísima vergüenza. No se podía creer lo que había acabado de pasar. Le agradecía al desconocido haberle librado del pesado de Hans pero ¿quién se creía que era?

“Que les den, me voy a dormir.”- Pensó. No pudiendo comprender nada y harta de la incómoda situación, se echó a dormir.

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La rosa helada

Publicado: diciembre 1, 2012 en Pensamientos varios, Uncategorized

La rosa helada, que entre capas de hielo que cubren sus delicados pétalos del color de la sangre, mira a los desconocidos pasar.

332629893_33a9367b18Flor que recoge tanta dulzura y belleza cubierta por  las garras de las inclemencias del inexorable tiempo.

Te empuja a morir,  te quiere marchitar, pero luchas por seguir viviendo.

Rosa helada, la pena de todo el que te ve, de todo el que pasa y a la que nadie sabe como ayudar.

Rosa helada, alma cándida y distante que nadie sabe como salvar. Rosa helada, solo tú te puedes salvar, lucha, espera a la primavera y vuelve a brillar.

Gente venenosa

Publicado: noviembre 27, 2012 en Pensamientos varios, Uncategorized

Hay gente, que es venenosa, que saca lo peor de ti.

Son personas que manipulan sin un sentido aparente, intentando sembrar cizaña por donde pasan.

A veces, te engañan y les das confianza, incluso crees que es tu amiga, que le pareces interesante, pero me temo que, desgraciadamente,  en realidad está criticándote en cuanto te das la vuelta.

Hay otras ocasiones, en que las ves de lejos y no puedes evitar que te envenene y le respondas en sus mismos términos, o como se diría en Andaluz, “haciendo el paripé”.

Lo cierto es que estas personas te invaden, te envenenan, te transmiten su propia infelicidad. Y lo peor es que, aunque es fácil “entrar en el trapo”, es difícil salir. Por eso nunca se debe entrar.

Tal vez es por baja autoestima que destruye el alma ajena… tal vez es muy egoísta… o tal vez es maldad… pero lo cierto es que hay que tenerles lástima y, sobre todo, no caer a esos niveles porque ni tú ni nadie merece eso =)

Mira, mira, que doy clases, pero es fascinante el efecto somnífero-creativo que algunas clases dan… prometo que intento poner interés en la clase de filosofía, una asignatura muy interesante pero a la que tienden impartir profesores muy inteligentes pero de voz monótonas…

Mientras luchas contra tus ojos para que no te traicionen… mientras sujetas tu cabeza sobre el brazo que parece pesar una tonelada… tu cabeza surfea el mar de recuerdos o pensamientos absurdos que, generalmente, nunca salen a relucir. A no ser que estés en una situación como esta, claro está.

Pero ya nos acordaremos… cuando nos encontremos con el tocho de apuntes de los que pareces no haber oído nunca.

Y me temo que aunque se  que es así… me temo que hay poco que se pueda hacer para evitarlo.

Supongo que a cada uno las canciones le producen un sentimiento diferente, cada uno se imagina una cosa distinta cuando la escucha… para mi, una de las canciones que me produce un sentimiento curioso de lucha y esperanza, no se por que, porque la letra no va de eso exactamente, es “Set fire to the rain” de Adele.

Llevo desde las 8 con escritos de demanda (para otro profe esta vez, jejeje) y escuchando esta canción (que está entre mis favoritas del Spotty) sin ser consciente de ello siempre me viene a la cabeza la misma imagen… curiosa sin duda pero espero que no a un nivel Freudiano… No se por que siempre veo un campo de batalla, un campo verde con miles de caídos empapados por una cortina de lluvia y una mujer pelirroja en bajándose de un carro de batalla con una espada en la mano y cargando contra los asesinos de su marido… Es como si la canción contuviese su rabia, pena y desesperación… y su determinación por seguir luchando hasta la muerte… ¿Curioso? ¿Tendrá un mensaje subliminal la canción? ¿Me recordará a cuando estudié a Boadiccea por algún motivo? Pero bueno, es muy curioso el efecto de una canción sobre la imaginación, Stephanie Meyer siempre escribía la saga Crepúsculo escuchando a Muse… tal vez su música le llevaba a  ese trance que los artistas tanto buscamos… para mi, admito que la profecía normalmente la escribo con Lady Gaga (algo que hace que muchos amigos míos se tiren de los pelos) o en su defecto con p!nk o con el lago de los cisnes (Contrastes, lo se). En fin, sólo plantearos si hay alguna canción que os de este curioso efecto “Trigger”, como dicen lo ingleses, a la imaginación.

Programa de radio de Arte y Cultura con Nurya Ruíz (AUDIO)

Cuando me ofreciste la oportunidad de escribir este pequeño artículo para el programa tuve un dilema sobre que tema tratar. Me senté un rato en una conocida cafetería madrileña y, mientras pensaba, vi a unos niños sentados en la mesa de enfrente. Y me llamó muchísimo la atención el hecho de que, con lo pequeñitos que eran, parecían pequeños Budhas con una maquinita pegada a las manos. Estaban completamente quietos, hipnotizados. No estaban jugando, esa actividad física que tanto hacíamos los niños no hace tanto tiempo. ¡Si ni si quiera se estaban mirando! Y en ese momento me surgió la idea del tema del que quiero hablaros hoy: La triste realidad de la obesidad infantil en España. No se si será por el cambio de dieta, las maquinitas o una vida mucho más sedentaria pero lo cierto es que demasiados niños en España parecen estar destinados a un futuro muy complicado. De hecho, según estudio realizado por Pedro José Benito, profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, nuestros niños son oficialmente más obesos que los Americanos. ¡Más que los inventores de la comida basura! Aproximadamente, el 19% de nuestros pequeños son obesos… y deberíamos plantearnos por que. Cuando yo era pequeñita los niños jugábamos a la comba, al elástico, al fútbol, al coger… pasábamos toda la tarde en la calle jugando hasta que nuestra madre nos llamaba para cenar. Ahora los niños pasan la tarde jugando a las maquinitas. Y otro elemento que contribuye al problema es la comida. Ahora los comen muchísima comida basura… pero… la comida normalmente se la dan sus padres. ¿Y por qué se la dan si saben que no es buena? Pues creo que por dos de los grandes problemas de nuestra sociedad moderna: por tiempo y dinero. Paseándome por las calles de nuestra capital y sus supermercados me he dado cuenta de lo barato y rápido que es comer mal. Y, en contraste, lo relativamente laborioso y caro que es comer sano. En una sociedad donde no alcanzamos a llegar a fin de mes y donde los padres tienen que trabajar muchísimo, si tienen la suerte de estar trabajando, para poder mantener a sus hijos la obesidad infantil parece ser el síntoma más evidente y lógico de los problemas que llevamos arrastrando. Entonces, para acabar esta pequeña reflexión me gustaría plantear dos cuestiones, la primera si realmente merece la pena jugar con la salud de las generaciones futuras que, como sean como la mía, la cirrosis y el paro los tienen ya casi garantizados y, más importante, ¿Cómo podemos poner fin a este círculo vicioso?”

En Madrid, el 2 de Noviembre de 2012

Cuando me ofreciste la oportunidad de escribir este pequeño artículo para el programa tuve un dilema sobre que tema tratar. Me senté un rato en una conocida cafetería madrileña y, mientras pensaba, vi a unos niños sentados en la mesa de enfrente. Y me llamó muchísimo la atención el hecho de que, con lo pequeñitos que eran, parecían pequeños Budhas con una maquinita pegada a las manos. Estaban completamente quietos, hipnotizados. No estaban jugando, esa actividad física que tanto hacíamos los niños no hace tanto tiempo. ¡Si ni si quiera se estaban mirando! Y en ese momento me surgió la idea del tema del que quiero hablaros hoy: La triste realidad de la obesidad infantil en España. No se si será por el cambio de dieta, las maquinitas o una vida mucho más sedentaria pero lo cierto es que demasiados niños en España parecen estar destinados a un futuro muy complicado. De hecho, según estudio realizado por Pedro José Benito, profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, nuestros niños son oficialmente más obesos que los Americanos. ¡Más que los inventores de la comida basura! Aproximadamente, el 19% de nuestros pequeños son obesos… y deberíamos plantearnos por que. Cuando yo era pequeñita los niños jugábamos a la comba, al elástico, al fútbol, al coger… pasábamos toda la tarde en la calle jugando hasta que nuestra madre nos llamaba para cenar. Ahora los niños pasan la tarde jugando a las maquinitas. Y otro elemento que contribuye al problema es la comida. Ahora los comen muchísima comida basura… pero… la comida normalmente se la dan sus padres. ¿Y por qué se la dan si saben que no es buena? Pues creo que por dos de los grandes problemas de nuestra sociedad moderna: por tiempo y dinero. Paseándome por las calles de nuestra capital y sus supermercados me he dado cuenta de lo barato y rápido que es comer mal. Y, en contraste, lo relativamente laborioso y caro que es comer sano. En una sociedad donde no alcanzamos a llegar a fin de mes y donde los padres tienen que trabajar muchísimo, si tienen la suerte de estar trabajando, para poder mantener a sus hijos la obesidad infantil parece ser el síntoma más evidente y lógico de los problemas que llevamos arrastrando. Entonces, para acabar esta pequeña reflexión me gustaría plantear dos cuestiones, la primera si realmente merece la pena jugar con la salud de las generaciones futuras que, como sean como la mía, la cirrosis y el paro los tienen ya casi garantizados y, más importante, ¿Cómo podemos poner fin a este círculo vicioso?”