Y otra vez…

Primera parte

Sinceramente, no es la primera vez que

me siento así. Una vez más y como tantas otras veces me repito en silencio que será la última vez, sabiendo en el fondo de mi débil corazón que antes o después volveré a caer. La tentación, la presión, la ansiedad… siempre me llevaban al mismo sitio.

Fuera continua mi fiesta. Lo se, como anfitriona mi deber es estar con mis invitados, pero aquí estoy, encerrada sin sentido, sintiéndome la más incomprendida y desgraciada mientras mis amigos celebran la supuesta alegría que les da a todos el día de mi nacimiento. Y aquí estoy yo, otra vez, como tantas otras encerrada sin comprenderme a mi misma ni a mis desesperados impulsos sin sentido.

Me siento mareada, será el alcohol… le dije a Nacho que los chupitos no son mi fuerte pero nada, el tenía que insistir en ponerme un vodka más. Será mejor que tire de la cisterna, este olor a putrefacción y degradación no ayuda nada. Ya está, es curioso como así parece menos grave.

Recuerdo la primera vez que esto pasó. Fue hace años, bueno, en realidad tampoco hace no tantos… todo empezó durante aquel terrible verano durante el cual el mundo pareció caer alrededor de mis oídos.

Esa tarde, mis hermanos habían ido a jugar al fútbol y yo me había quedado con mi madre para poder acompañarla a casa de mi tía Jimena. Nunca me ha gustado ir a casa de mi tía, por muy prima de mi madre que sea, siempre me echa atrás el olor a limpiador de baños y la sensación de soledad. Siempre me recorre un escalofrío por todo el cuerpo cuando entro en esa casa y veo a esa señora tan delgada en bata, con las arrugas que han sido cortadas en su esquelética cara por todos los años de desgracias y soledad.

Siempre me recorre un escalofrío cuando pienso en mi tía Jimena, cuando pienso que, si la vida me juega cartas similares, podría acabar como este extraño y melancólico ser que estaba sentado en aquel polvoriento sofá de flores frente a mi.

Nunca me ha gustado ir a casa de mi tía Jimena. A partir de ese día lo odié más que nunca.

Sonó el hasta entonces alegre tono del móvil de mi madre. La cara de mi madre se transformó mientra oía las calmadas palabras del médico. No hizo falta decir nada más, las lágrimas que le rodaban por las mejillas y el abrazo silencioso que mi tía le dio me dijeron todo. Me levanté de golpe y corrí hacia el baño. Me mojé la cara y mientras me miraba al espejo vi el ser tan patético que era y sentí una impotencia indescriptible. Yo sabía que los chicos no habían ido al fútbol, sabía que se habían ido de fiesta a casa de Nano, un imbécil que nunca tramaba nada bueno. Cuanto más me miraba, más me daba cuenta de que era una inútil, un ser sin personalidad, una cobarde. Yo sabía lo que podría pasar, yo podría haberlo evitado y, sin embargo, no había hecho nada. Los oídos me pitaban y sentía como si alguien estuviese taladrándome las sienes. Fue entonces cuando pasó. Fue la primera vez, pero lamentablemente no fue la única.

Paulatinamente, se convirtió en una obsesión.

Llaman a la puerta. Es Carlos, que me pregunta si me encuentro bien. Le contesto que sí, que son los chupitos y que no se preocupe, que salgo enseguida.

Es curioso como nacen las obsesiones. No aparecen de la noche a la mañana sino que poco a poco van conquistando cada milímetro de tu voluntad hasta convertirte en un ser completamente poseído por el impulso. Comencé usando este terrible secreto para desahogar la sensación de impotencia que la situación de mi familia rota me producía.

Luego empezó la cuenta, la cuenta de calorías. Mi padre no dejaba de preocuparse por mí, decía que cada vez me veía más delgada y se lo achacaba a mi madre, desolada, que no dejaba de llorar día y noche. Empecé a asegurarme que comía más calorías de la cuenta para no perder peso y que mi padre pudiese estar tranquilo. Una farsa necesaria, no quería que se preocuparan.

Debo hacerlo bastante bien, porque nadie se ha percatado de mi terrible secreto. Nadie… ¡NADIE!

No es que no sepa que tengo un problema, que esto no puede seguir así y que es una enfermedad. Pero , ¿Por qué voy a cargar a nadie con mis problemas? Además, no quiero preocupar a nadie.

This work is licensed under the Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. To view a copy of this license, visit http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/ or send a letter to Creative Commons, 444 Castro Street, Suite 900, Mountain View, California, 94041, USA.

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s