Prueba de nuevo libro… TPS Book IV

Publicado: diciembre 4, 2012 en Pensamientos varios, Uncategorized

Cada vez que Anna se montaba en un avión de esa compañía maldecía lo enamorada que estaba de sus precios tan asequibles. Llevaba dos horas sentada en el A-travellers-rests-as-fli-004asiento más tieso e incómodo que existía sobre el planeta tierra, comparable solo con una de las sillas de tortura que se usaba antaño en los tiempos oscuros de la inquisición española. Desde que salió de Londres las azafatas del vuelo, de aspecto desaliñado y ligeramente depresivo, les habían intentado vender a los pasajeros todos los objetos posibles que caben en el limitado espacio de la cabina de un avión. Además, hacían sus ventas de tono ambulante con una frecuencia que hacía imposible dormir durante el vuelo. Tampoco es que dormir fuese fácil en esos sillones de piedra, porque era prácticamente imposible encontrar una postura cómoda para pegarse una siestecilla al menos que fueses, claro, un contorsionista.

Anna buscaba una postura cómoda en medio del guirigay comercial de las azafatas de capa caída, recordando como cuando era pequeña las azafatas ostentaban un cierto glamour y belleza admirable que hoy en día solo se reservaba para modelos y secretarias de muy alto estánding. Era difícil buscarla sin pegarle una paliza al vecino, y más aún en el caso de Anna a la quele había tocado el incómodo asiento central. A su derecha, pegado al pasillo de la nave, había un chico rubio de aspecto aceitoso, pocos años mayor que ella y a su izquierda un apuesto joven moreno dormía contra la ventanilla.

“¿Es tu primer vuelo a España?”- el joven, que no había dejado de mirarla desde que embarcaron le preguntó con un fuerte acento alemán.

“No, vengo a menudo.”- respondió sin interés y un tanto irritada por sus ganas de dormir, pero eso no desanimó al joven.

“¿Vienes a ver a tu novio?”

“A mi prima.”- Anna no se podía creer la cara dura y la impertinencia del grasiento joven. Mientras maldecía a su madre por haberle lavado el cerebro toda la vida para que fuese incapaz de dar la respuesta maleducada que realmente le apetecería dar, tomó un momento para examinar al joven que le estaba relatando todos sus planes para los quince días que iba a estar en España. Era muy alto y delgado, tenía poco pelo y muy rubio, peinado con la ralla al lado y debido a su grasiento aspecto, parecía que no se había duchado en un mes. Además, llevaba unas gafas ovaladas de hierro muy viajas que le quedaban postizas en su cara alargada. Si Anna se lo hubiese encontrado por la calle, habría pensado que pertenecía a una secta o una religión de las que te intentan convencer que te conviertas, porque llevaba una camisa blanca de mangas cortas con tres bolígrafos en la camisa del pecho y unos pantalones de hilo oscuros. Por algún motivo sobre el cual Anna no podía poner el dedo encima, ese personaje sentado a su lado no le gustaba. Tal vez era el extraño olor a rancio y a tabaco que desprendía.

“… por cierto, me llamo Hans.”- sonrío, enseñándole sus dientes manchados de tabaco y le dió la mano de uñas roídas para formalizar la presentación.

“Anna.”- la había cogido por sorpresa y no le dio tiempo a pensar si quería que ese extraño ser supiese su nombre real o no.

“¿Te han dicho alguna vez que eres muy guapa, Anna?”- dijo en un tono adulador.

Anna no respondió. Para empezar, nunca se había considerado particularmente guapa. Es cierto que su melena larga oscura y sus ojos azules le daban un cierto atractivo contra su piel blanca, pero nunca se había considerado más que monilla. Además, no le hacía ninguna ilusión que Hans pensara que lo era, porque tenía la extraña sensación que eso significaba que no la iba a dejar en paz durante el resto del vuelo. No había escapatoria.

“Te invito a un café cuando lleguemos a la terminal.”- propuso Hans con entusiasmo.

“Gracias pero…”

“Y si te parece, luego te invito a cenar. ¿Cuanto tiempo te quedas en España?”

“Mira es que de verdad…”-Anna intentó responder con desesperación, no tenía escapatoria.

“Al menos que tengas novio claro, una chica tan guapa como tu debe tener novio.”

“Pues…”-Anna se estaba empezando a irritar.

“Pero vamos que yo le doy diez mil vueltas a ese seguro. Vamos dime, a que tu novio no es tan guapo como yo.”

“Mira…”-estaba a punto de soltarle una barbaridad al pesado cuando de pronto le interrumpió una voz atractiva y masculina, con un fuerte acento español.

“Cariño, perdona, me he quedado dormido, ¿Sabes si falta mucho para que aterricemos?”

Hans y Anna miraron los dos boquiabiertos hacia el origen de la voz. El chico moreno que estaba sentado junto a la ventana se había despertado y le sonreía con una sonrisa perfecta.

“No ya no falta casi nada.”- Anna respondió tímidamente,

“Bueno voy a intentar dormir un poco más, cariño, despiértame si me necesitas.”- dijo dándole una palmadita en la rodilla y volviendo a coger la postura para dormir.

“Vale.”-Anna respondió en una voz pequeñita. Se había puesto como un tomate.

Hans les miraba con una mezcla de incredulidad y rabia pero se puso los auriculares y no volvió a hablar en todo el trayecto.

Anna miraba discretamente de uno a otro sintiendo muchísima vergüenza. No se podía creer lo que había acabado de pasar. Le agradecía al desconocido haberle librado del pesado de Hans pero ¿quién se creía que era?

“Que les den, me voy a dormir.”- Pensó. No pudiendo comprender nada y harta de la incómoda situación, se echó a dormir.

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